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La informalidad atenta contra la reactivación turística y reputación de destino

En un mercado global que no perdona la falta de calidad, la informalidad se convierte en el mayor riesgo para la reactivación turística y la reputación de Perú.

La reactivación turística avanza con señales claras de recuperación a partir de una mayor conectividad aérea, el incremento en la llegada de visitantes y un renovado interés por el destino. Sin embargo, en paralelo a este crecimiento, persiste un desafío estructural que condiciona su desarrollo: la informalidad en las agencias de viajes y en la cadena de comercialización turística.

Este fenómeno no solo afecta la dinámica interna del sector, sino que también impacta directamente en la confianza del viajero, en la reputación del destino y en la capacidad de las empresas formales para competir en igualdad de condiciones. En un mercado global cada vez más exigente, donde la calidad y la seguridad son determinantes, la formalización deja de ser una opción para convertirse en una necesidad estratégica.

Para agencias de viajes, mayoristas, aerolíneas y operadores, el desafío no es menor, ordenar la base empresarial del sector es clave para sostener el crecimiento y consolidar a Perú como un destino competitivo en el escenario internacional.

Un problema estructural que limita el crecimiento

La informalidad en el turismo no es un fenómeno reciente. Se trata de una problemática arrastrada durante años que se ha intensificado con la digitalización y la proliferación de canales de venta no regulados, especialmente en redes sociales, donde operan agencias sin registro ni respaldo.

El impacto es transversal. Por un lado, genera una competencia desleal frente a empresas que cumplen con obligaciones tributarias, estándares de calidad y procesos formales. Por otro, debilita la confianza del consumidor, quien muchas veces no distingue entre un operador formal e informal hasta que enfrenta una mala experiencia.

Casos de estafas, incumplimientos o servicios deficientes no solo afectan al pasajero directamente involucrado, sino que terminan erosionando la percepción del destino Perú en su conjunto.

“La informalidad debilita la confianza del viajero y la imagen del destino”

Desde el sector privado la preocupación es clara. Patricia Campos, presidenta de la Asociación Peruana de Agencias de Viajes y Turismo (Apavit), advierte que la informalidad representa uno de los principales riesgos para la sostenibilidad del sector.

“La informalidad en el sector de agencias de viajes en Perú representa uno de los principales desafíos para la competitividad y sostenibilidad de nuestra industria. No solo genera una competencia desleal, sino que también debilita la confianza del viajero”, señala.

Campos enfatiza que el problema va más allá de la transacción puntual. Cuando un turista enfrenta una mala experiencia —como estafas o incumplimientos— no distingue el origen del servicio, trasladando su percepción negativa a todo el ecosistema turístico.

“Esto impacta directamente en la reputación del país y limita nuestras oportunidades de crecimiento en mercados cada vez más exigentes”, agrega.

patricia campos-apavit

Dignificar el mercado: la formalidad como valor ético

Doris Samaniego, CEO y fundadora de Domiruth, advierte que la informalidad impacta directamente en empresas con trayectoria, que enfrentan mayores cargas regulatorias mientras los operadores informales avanzan con menos barreras en un mercado donde la urgencia muchas veces define las decisiones.

“La informalidad es una grieta en la confianza del viajero. Cada incumplimiento afecta a todo el sector. La formalidad no es un trámite, es la promesa cumplida de un viaje bien hecho y la base de una competencia sana”, aclara.

Samaniego agregó que le gustaría ver nuevas empresas posicionándose con innovación, capacitación y creatividad, “ofreciendo servicios de calidad que impulsen una competencia sana entre peruanos, evitando que ese espacio sea ocupado por operadores externos con ventajas que desincentivan a las empresas formales”.

El rol del Estado y los incentivos a la formalización

Frente a este escenario, el Estado, a través del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur), intensificó sus esfuerzos para promover la formalización como eje de desarrollo sectorial.

Actualmente, existen beneficios concretos para los prestadores formales que buscan incentivar este proceso. Entre ellos destaca la exoneración del IGV en servicios de alojamiento y alimentación para turistas extranjeros no residentes, una medida que permite mejorar la competitividad de precios y ampliar márgenes de rentabilidad.

A ello se suma el acceso a espacios de promoción internacional, como ferias, ruedas de negocio y campañas impulsadas por la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (Promperú), donde las empresas formalizadas pueden conectarse directamente con compradores globales y posicionar su oferta.

Además, la formalidad abre la puerta a programas de capacitación y certificación a través del Centro de Formación en Turismo (Cenfotur), fortaleciendo las capacidades empresariales y elevando los estándares de servicio en toda la cadena.

“Estamos poniendo el foco en agencias virtuales y fortaleciendo la fiscalización”

Desde el sector público, el enfoque también apunta a modernizar la fiscalización y abordar nuevas dinámicas del mercado. Ladevi Perú conversó en exclusiva con la viceministra de Turismo, Nancy Laca Ramos, quien señala que uno de los principales retos está en el control de las agencias que operan en entornos digitales.

“Estamos trabajando en el eje de la formalización. Estamos poniéndole el ojo a las agencias virtuales y tratando de comprometer a los gobiernos regionales, que son los que tienen la facultad para fiscalizar”, explica.

La funcionaria reconoce que muchos de los conflictos que surgen en el sector tienen como origen a la informalidad, una problemática histórica que aún persiste.

“Es un tema que viene de años atrás, pero que estamos abordando junto con mejoras en la gobernanza, la normativa y la nueva ley del sector”, añade.

Formalización: más que una obligación, una estrategia de negocio

Lejos de ser únicamente un requisito legal, la formalización se consolida como una herramienta estratégica para el crecimiento empresarial. Permite acceder a nuevos mercados, fortalecer la reputación de marca y generar confianza en un consumidor cada vez más informado.

Los negocios formales también pueden integrarse al Directorio Nacional de Prestadores de Servicios Turísticos Calificados, un instrumento clave para ganar visibilidad y diferenciarse en un entorno altamente competitivo.

Asimismo, alinearse al Plan Nacional de Calidad Turística (Caltur) contribuye a mejorar la experiencia del cliente, incrementar la tasa de recomendación y consolidar relaciones comerciales sostenibles en el tiempo.

El desafío compartido: sector público, privado y consumidor

Más allá de las políticas públicas y los incentivos, la formalización también requiere un compromiso articulado entre todos los actores del sector. Desde Apavit, por ejemplo, se vienen impulsando acciones concretas para promover este proceso a nivel nacional.

Entre ellas destacan capacitaciones constantes, coordinación con entidades públicas y generación de espacios comerciales como la feria Fiavit, que permite visibilizar a empresas formales y fortalecer las oportunidades de negocio.

No obstante, uno de los puntos críticos sigue siendo el comportamiento del consumidor. La elección basada únicamente en el precio continúa favoreciendo a operadores informales, lo que refuerza la necesidad de campañas de sensibilización más agresivas.

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Ordenar el mercado para sostener el crecimiento

En un contexto donde el Perú busca consolidarse como potencia turística, sobre todo con los lugares turísticos que tiene, la formalización emerge como un factor determinante para garantizar un crecimiento ordenado y sostenible.

La capacidad de atraer más turistas, generar empleo y fortalecer la imagen país dependerá, en gran medida, de la solidez de su base empresarial. En ese camino, reducir la informalidad no solo es una tarea pendiente, sino una condición necesaria para competir en el escenario global.

El reto está planteado, y es transformar la formalización en un estándar del sector y no en una excepción. Solo así, el turismo peruano podrá capitalizar plenamente su potencial y proyectarse con consistencia hacia los mercados internacionales.