Gracias a la amplia conectividad aérea entre Lima y diversas ciudades argentinas, el acceso al Argentina se ha transformado en una gran oportunidad para los viajeros peruanos. Aerolíneas Argentinas, JetSmart, Latam Airlines Group y Sky Airline operan más de 3.000 vuelos hacia Buenos Aires. Además, Latam conecta directamente con Mendoza, Córdoba, Rosario, Salta y Tucumán.
El 70% del vino en Argentina se produce en la región de Cuyo, con Mendoza como epicentro.
A la vez, a esta oferta se suma la nueva ruta de Flybondi entre Lima y Puerto Iguazú, con cuatro frecuencias semanales a partir de diciembre de 2025.
De este modo, conocer los atractivos de Argentina cada vez es más fácil para los turistas de Perú.
Argentina: naturaleza majestuosa en Iguazú
Las Cataratas del Iguazú constituyen uno de los íconos más reconocibles del país y se presentan como una experiencia de inmersión total en la naturaleza.
El Parque Nacional ofrece actividades durante todo el año, desde caminatas interpretativas hasta “La Gran Aventura”, un magnífico circuito náutico y terrestre.
El nuevo vuelo directo entre Lima y Puerto Iguazú mejorará significativamente el acceso a este destino, que además del paisaje imponente invita a vivir propuestas de turismo de lujo y aventura.
En ese sentido, vale indicar que hay actividades para toda la familia, alojamientos premium y una oferta gastronómica que combina sabores selváticos con técnicas contemporáneas.
Argentina: Jujuy, Salta y Tucumán conforman el núcleo del enoturismo de altura.
Salta: vinos de altura, cultura viva y paisajes únicos
Los vuelos directos de Latam entre Lima y Salta facilitan el acceso a una de las regiones más fascinantes del noroeste argentino.
La provincia invita a descubrir la riqueza cultural de sus museos, como el de Arqueología de Alta Montaña o el Güemes, y a conocer su atractiva escena de peñas folclóricas.
El circuito Salta-Cafayate despliega una sinfonía de colores minerales en la Quebrada de las Conchas, donde se destacan formaciones como la Garganta del Diablo o Los Castillos.
Además, la región forma parte de la Ruta del Vino de Altura, con bodegas enclavadas en paisajes de ensueño y propuestas de lujo que integran alojamiento, gastronomía regional y degustaciones especializadas.
Asimismo, en los pueblos del Camino de los Valles Calchaquíes se pueden visitar varias bodegas e incluso pernoctar y disfrutar de la gastronomía local.
Cuyo: capital internacional del vino
El 70% del vino argentino se produce en la región de Cuyo, con Mendoza como epicentro.
Reconocida por la Red Great Wine Capitals, esta provincia reúne 1.200 bodegas, de las cuales 300 ofrecen experiencias turísticas y más de 30 cuentan con alojamiento propio.
La oferta va desde actividades clásicas como visitas guiadas y catas, hasta experiencias singulares como yoga entre viñedos, vuelos en globo, picnics gourmet, vendimias participativas y creación personalizada de blends.
Entre las joyas de la región destaca el Valle de Uco, donde la bodega Zuccardi Piedra Infinita ha sido nombrada tres veces consecutivas como “la mejor del mundo para visitar”.
Desde Mendoza también es posible conectar con San Juan, cuya Fiesta del Sol celebra la vendimia local con identidad propia.
Allí, la cepa Syrah y su maridaje con carne a las brasas ofrecen una experiencia gastronómica única.
Argentina: el circuito Salta-Cafayate despliega una sinfonía de colores minerales en la Quebrada de las Conchas donde se destacan formaciones como la Garganta del Diablo o Los Castillos.
Norte argentino: identidad ancestral y enoturismo de altura
Jujuy, Salta y Tucumán conforman el núcleo del enoturismo de altura. En la Quebrada de Humahuaca se encuentra la bodega más alta del mundo, a 3.429 msnm.
Otras propuestas incluyen una mina reconvertida en cava y bodegas comunitarias gestionadas por pueblos originarios en Amaicha del Valle.
El torrontés, variedad blanca emblema de la región, se presenta como un vino fresco, floral e ideal para acompañar la cocina andina con platos como locro, empanadas y cabrito.
Patagonia: vinos extremos y aventura enológica
Desde Neuquén hasta Chubut, la Patagonia propone una experiencia distinta. En San Patricio del Chañar, el enoturismo se combina con paleontología en un museo de dinosaurios.
En Río Negro se suman las propuestas de Bariloche y excursiones marítimas únicas como el buceo para rescatar botellas añejadas en el fondo del mar.
En Trevelin, una de las fincas más australes del mundo ofrece degustaciones entre montañas y lagos.
La combinación de paisajes imponentes, clima frío y métodos de vinificación innovadores da lugar a vinos con marcada identidad y creciente prestigio internacional.
Córdoba y el Litoral: vino con legado jesuita y bienestar termal
En Córdoba, la producción vinícola se remonta a las estancias jesuíticas del siglo XVII. Hoy, muchas bodegas mantienen estructuras coloniales y forman parte de la Ruta de las Estancias.
Las regiones de Traslasierra y Calamuchita suman valor con nuevas etiquetas y el turismo rural.
Por su parte, el Litoral argentino emerge como un polo de enoturismo termal. Establecimientos en Victoria, Gualeguaychú, Colón y Paraná ofrecen experiencias que integran relax, aguas termales y degustaciones exclusivas.
Buenos Aires: el vino a las puertas de la ciudad
Desde la capital argentina, el enoturismo también es accesible. En la zona norte de la provincia de Buenos Aires, proyectos en Cardales ofrecen experiencias completas a menos de una hora de la ciudad.
Y en Chapadmalal, a minutos de Mar del Plata, se desarrollan vinos de la costa con identidad atlántica, enmarcados en propuestas gastronómicas de alto nivel.
Incluso, varios restaurantes de bodegas han sido distinguidos por la Guía Michelin 2025, consolidando el cruce entre la alta cocina y la vitivinicultura como pilar del turismo premium en Argentina.
De esta manera, desde los Andes hasta el Atlántico, y desde los viñedos de altura hasta las cataratas, Argentina le ofrece al viajero peruano un mosaico de experiencias donde la autenticidad, el confort y la diversidad convergen para crear recuerdos imborrables.
La conectividad está dada, el producto está desarrollado y el deseo está latente, así que Argentina los espera con los brazos abiertos y una copa de vino en la mano.
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