En Perú, la estabilidad política se ha convertido en un bien escaso. En la última década, el país ha visto desfilar presidentes, gabinetes y ministros con una velocidad que pocas democracias experimentan. En este escenario, la combinación de turismo y elecciones vuelve a impactar en el negocio.
Turismo y elecciones: ¿Cómo afecta la inestabilidad política al despegue turístico?
A puertas de las Elecciones Generales 2026, líderes del sector evalúan el impacto de la inestabilidad política. Turismo y elecciones: la tormenta perfecta.
Turismo y elecciones en el peor de los escenarios: la inestabilidad política sigue atentando contra la recuperación total del sector.
El más reciente episodio, la elección de José María Balcázar como nuevo presidente del Congreso y la consecuente asunción como jefe de Estado interino, vuelve a poner sobre la mesa un escenario que, aunque recurrente, no deja de generar preguntas sobre su impacto en los distintos sectores económicos.
El turismo, una industria profundamente vinculada a la confianza, la planificación y la imagen del país, no es ajeno a esta realidad. Sin embargo, más allá del ruido político, la pregunta clave es otra: ¿cómo percibe el propio sector esta coyuntura y hasta qué punto condiciona su desarrollo?
A puertas de las elecciones generales del próximo 12 de abril, el turismo peruano transita una etapa de recuperación y redefinición. Tras el golpe que significó la pandemia, el sector busca retomar los niveles previos a 2019, mientras enfrenta desafíos estructurales que van desde la conectividad aérea hasta la gestión de los principales atractivos turísticos. En ese contexto, la inestabilidad política surge como un factor adicional que tensiona aún más el panorama del sector.
Mincetur: nuevo liderazgo, pero con dudas
En medio de este escenario, el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) volvió a experimentar un cambio en su liderazgo, una situación que el sector observa con especial atención debido a la recurrente rotación de autoridades en una cartera clave para el desarrollo económico del país.
José Fernando Reyes Llanos asumió como nuevo titular del Mincetur en un momento particularmente sensible para la industria. El turismo no solo busca consolidar su recuperación tras la pandemia, sino también enfrentar desafíos estructurales relacionados con la conectividad aérea, la promoción internacional y la diversificación de destinos.
Si bien Reyes Llanos es abogado de formación y cuenta con experiencia dentro de la administración pública, su trayectoria ha estado principalmente vinculada a áreas jurídicas y administrativas del Estado, sin un recorrido previo en la gestión o promoción del turismo.
Antes de asumir el cargo se desempeñó como director general de la Dirección General de Justicia y Libertad Religiosa en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, además de ocupar cargos de asesoría jurídica y gestión en entidades como el Instituto Nacional de Salud (INS), el Ministerio de Trabajo y la Federación Peruana de Fútbol (FPF).
En una industria que demanda continuidad en las políticas públicas y conocimiento técnico especializado, su nombramiento vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la importancia de contar con autoridades con experiencia directa en el sector.
Rotación de autoridades y continuidad de políticas: la mirada de Asotur
Los cambios en el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo vuelven a evidenciar una preocupación que el sector ha señalado en reiteradas ocasiones: la alta rotación de autoridades. Para muchos empresarios y gremios, este fenómeno no solo implica modificaciones administrativas, sino también interrupciones en la continuidad de estrategias y proyectos.
Desde el sector privado, la percepción es clara. Ladevi conversó con Jorge Jayo, presidente de la Asociación Peruana de Operadores de Turismo Receptivo e Interno (Asotur), quien advirtió que cuando no existe continuidad resulta difícil proyectar metas concretas.
“Cuando nada es constante, no se puede proyectar y mucho menos llegar a un objetivo concreto. Sería interesante que el nuevo ministro continúe con los objetivos de la gestión anterior. Lo positivo es que la rotación no se da a nivel técnico”, precisó.
No obstante, también reconoce que el trabajo técnico y la promoción internacional que realizan instituciones como la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (PromPerú), han permitido sostener, en parte, la presencia del país en los mercados emisores.
La visión de Apavit
Por su parte, Patricia Campos, presidenta de la Asociación Peruana de Agencias de Viajes y Turismo (Apavit), explica que la constante rotación de autoridades genera incertidumbre y retrasa la toma de decisiones.
“El turismo es una actividad que requiere planificación de mediano y largo plazo. Cuando cambian constantemente los ministros y equipos técnicos, se interrumpen procesos y se pierde continuidad en proyectos estratégicos”, sostiene.
Esta falta de continuidad no solo afecta la gestión interna del sector público, sino también la articulación con el sector privado. Patricia Campos explica que cada nuevo cambio de autoridades implica, en la práctica, volver a explicar los mismos problemas y volver a iniciar procesos de coordinación. “Es prácticamente empezar de cero”, afirma.
Turismo muestra resiliencia
A pesar de ello, el turismo peruano sigue mostrando señales de resiliencia. Según proyecciones de PromPerú, el turismo interno alcanzaría en 2026 los 49.7 millones de viajes, lo que representaría un crecimiento de 7.34% respecto a 2025. De concretarse esta cifra, el país sumaría seis años consecutivos de expansión en este segmento tras la caída histórica registrada durante la pandemia.
El viajero nacional se convirtió, en ese sentido, en uno de los principales motores del sector. Campañas de promoción, plataformas digitales de oferta turística y una mayor diversificación de destinos han permitido mantener activo el movimiento interno, incluso en contextos de incertidumbre.
Imagen país y percepción internacional
Sin embargo, el panorama internacional presenta retos adicionales. La imagen de un país también se construye a partir de la percepción de estabilidad. Para los operadores y mayoristas extranjeros, factores como protestas, cambios abruptos de gobierno o crisis institucionales suelen traducirse en cautela a la hora de promover un destino.
Desde Apavit señalan que algunos socios internacionales han expresado preocupación frente al ruido político que se genera en el país. Si bien esto no siempre se traduce en cancelaciones masivas, sí puede influir en las decisiones de compra y en la percepción de seguridad del destino.
No obstante, también es cierto que el atractivo turístico de Perú continúa siendo un factor decisivo. Su diversidad cultural, su patrimonio histórico y su gastronomía mantienen al país en el radar de los viajeros internacionales. En ese sentido, la marca Perú ha demostrado una capacidad notable para sostener su posicionamiento incluso en escenarios complejos.
Pero el debate de fondo va más allá de la coyuntura política. Diversos actores coinciden en que el sector enfrenta desafíos estructurales que requieren atención prioritaria. Entre ellos destacan la conectividad aérea, los costos operativos, la informalidad y la gestión de destinos emblemáticos como Machu Picchu.
Retos estructurales del turismo peruano
De hecho, algunos especialistas consideran que el gran reto para el turismo peruano es diversificar su oferta. Cusco y Machu Picchu continúan siendo el principal imán para los visitantes internacionales, pero su capacidad de carga limita el crecimiento futuro del sector si no se desarrollan nuevos destinos.
En ese sentido, Jorge Jayo, presidente de Asotur, plantea la necesidad de apostar por un nuevo destino ancla que permita ampliar la oferta turística del país.
“Para recuperar las cifras prepandemia debemos empezar a promover otros destinos. Cusco prácticamente se vende solo y la capacidad de carga de Machu Picchu ya tiene un límite. Necesitamos impulsar un nuevo destino y ser constantes”, señaló Jayo.
Esta reflexión abre una discusión más amplia sobre el modelo de desarrollo turístico que el país quiere consolidar en los próximos años. Más promoción, mayor infraestructura y una estrategia sostenida en el tiempo son elementos que el sector considera fundamentales para alcanzar un crecimiento sostenible.
Por ello, la mirada del sector está puesta también en el próximo gobierno. Más allá de quién resulte elegido en las urnas, los gremios coinciden en que el turismo necesita políticas de Estado que trasciendan los periodos gubernamentales.
Mirada al futuro
Entre las principales demandas destacan la elaboración de un Plan Nacional de Turismo con visión a 2030, mayor estabilidad en los equipos técnicos del Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) y PromPerú, un incremento sostenido del presupuesto destinado a promoción internacional y medidas concretas para mejorar la conectividad aérea.
El turismo, después de todo, es una industria que se construye a largo plazo. Los destinos no se posicionan en meses ni en un solo gobierno. Requieren constancia, inversión y una narrativa país que inspire confianza.
En medio de un escenario político cambiante, el turismo peruano parece haber aprendido a avanzar con prudencia, pero sin detenerse. Empresarios, operadores y agencias continúan promoviendo el destino Perú en ferias internacionales, ruedas de negocio y campañas digitales, conscientes de que la demanda turística global no espera.
La coyuntura política seguirá siendo parte del contexto nacional. Pero el desafío del sector será, como tantas veces antes, mantener el rumbo y convertir la resiliencia en una ventaja competitiva. Porque si algo ha demostrado el turismo peruano en los últimos años es que, incluso en medio de la incertidumbre, el país sigue siendo un destino que el mundo quiere conocer.
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