El mes pasado la tradicional cadena uruguaya de restaurantes La Pasiva inauguró su primer local en Argentina. Se encuentra sobre la porteña avenida Corrientes, a metros de Callao, exactamente donde hasta hace poco funcionó la librería Gandhi.
El emprendimiento, en manos de Daniel Caruso y Joaquín Winkler, demandó una inversión de US$ 2,5 millones. Se presenta como un complejo gastronómico cultural, consta de tres pisos (1.600 m2), donde además de los infaltables chivitos canadienses, panchos y mostaza color arena, ostenta una galería de arte, un café literario -con un mural en homenaje a la librería-, un sector VIP y un teatro para 200 personas, donde se alternarán obras de Nito Artaza con otras de artistas uruguayos.
Cabe mencionar que el plan de negocios contempla la apertura de otros cinco locales: tres en la Ciudad, uno en Córdoba y otro en Mar del Plata. Y en una segunda etapa continuarían el crecimiento a través de franquicias.
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