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¿Será un 2026 difícil para el tráfico aéreo?

La conflictividad va bloqueando alternativamente espacios aéreos, complicando las operaciones del transporte aéreo

En lo que va del año, se han cerrado alternativamente tres espacios aéreos: los de Venezuela, los de Irán y sobre el de la Costa del Pacífico de América, de México a Ecuador, se lanzó una alerta. Obviamente esto supone complicaciones para el tráfico aéreo, a nivel global.

Hay una larga tradición de aviones comerciales derribados en pleno o a consecuencia de diversos conflictos político-militares. Pero sin duda alguna, la gota que colmó el vaso fue el caso del MH017, de Malaysia Airlines, derribado en el Este de Ucrania en 2014, por un misil antiaéreo. Desde entonces, las entidades multinacionales del sector (OACI, IATA) y las autoridades nacionales de diversos países han desarrollado un sistema de “alerta temprana” que bloquea espacios aéreos cuando existe un peligro real de interferencia de operaciones militares.

El tráfico aéreo y el problema de las rutas aéreas

Ahora bien, más allá de que los destinos “cancelados” sean o no emisores y/o receptores de viajeros en cantidades notorias, sí en casi todos los casos, esos espacios aéreos integran rutas aéreas. Bloquearlos obliga a muchas compañías aéreas a suspender sus operaciones hacia y desde ese destino (los vuelos a Venezuela recientemente, por ejemplo), pero también a “redibujar” las rutas aéreas y evitar los cielos “cancelados”.

Estos cambios significan en algunos casos extender los horarios de los vuelos, con lo cual las redes deben ajustar las conexiones y la operatoria de los hubs y bancos de horarios; pero además implica más gasto de combustible y, en consecuencia, se incrementan los costos.

La amenaza a Groenlandia

Si esta lógica de los acontecimientos continúa como hasta ahora, en esta suerte de política Exterior intervencionista de Estados Unidos, el próximo escenario podría ser el de Groenlandia.

Nuevamente, no es un destino que convoque muchos pasajeros ni que emita muchos viajeros, pero sí está peligrosamente cerca de las rutas aerocomerciales del Atlántico Norte, que vinculan Estados Unidos y Europa.

En definitiva, no estamos ante una tragedia inminente, no se trata de eso, pero sí ante un año que económico-financieramente podría resultar para la industria aerocomercial más complicado de lo esperado.

Y estamos dejando de lado consideraciones relacionadas con el impacto posible de estos conflictos en otras cuestiones como los negocios globales (el segmento de los viajeros de negocio), las inversiones e incluso en el precio del petróleo crudo. De hecho, los aranceles impuestos por el gobierno de Donald Trump a todo aquél país europeo que no apoye el reclamo de Estados Unidos sobre Groenlandia, van en esta dirección.

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